Éramos felices - Francisco G. Alcón

Éramos felices y no lo sabíamos, eso dicen muchos venezolanos cuando echan la vista atrás, a cómo vivían tan sólo hace unos años y observan la situación en la que sobreviven ahora.

Duele mucho ver a jóvenes que han nacido en democracia poner en duda el valor de la transición

En España nos está pasando lo mismo. Duele mucho ver a jóvenes que han nacido en democracia, en la abundancia, a los que nos les ha faltado educación, sanidad y un entorno  de seguridad y bienestar, poner en duda el valor de la transición, oírlos hablar del régimen postfranquista del 78, ningunear el esfuerzo de sus padres y abuelos.

Sus abuelos se perdonaron, supieron cerrar heridas y acompañaron 40 años de dictadura como mejor pudieron, sacando adelante sus familias y su país en condiciones muy duras. Sus padres, aun con la desconfianza propia del pasado reciente, supieron llegar a los consensos básicos que nos permitieron recuperar el atraso secular, pusieron los medios para crear el periodo más largo de paz, progreso y desarrollo económico y social de la historia de España. Y entonces llegaron ellos…

Sería, es, muy injusto insinuar que toda la juventud está enfrascada en destruir todo lo que de bueno hemos edificado entre todos, pero son muchos, demasiados, los que sinceramente están convencidos de que viven en un infierno capitalista o fascista como suelen balbucear, un infierno en el que los mercados imponen sus reglas y los individuos no tenemos capacidad de elección, somos meros números, consumidores sin criterio manipulados por la mercadotecnia, que podemos llamarnos dichosos si logramos eludir el paro, los desahucios, la estafa de los bancos y las consecuencias en la salud de los recortes. Este es el panorama que dibujan y en el que están convencidamente instalados una gran parte de nuestros jóvenes y no tan jóvenes.

Les han puesto fácil esta concepción, desde medios que mojan su pan en la salsa de una fiel audiencia pontificando desde las ondas concesionadas el evangelio según Marx, hasta la bochornosa corrupción de los partidos tradicionales que se pusieron y nos pusieron en manos de tipos sin escrúpulos

No descubrimos nada si no reconocemos que ciertamente les han puesto fácil esta concepción. Desde medios que mojan su pan en la salsa de una fiel audiencia pontificando desde las ondas concesionadas el evangelio según Marx, hasta la bochornosa corrupción de los partidos tradicionales que se pusieron y nos pusieron en manos de tipos sin escrúpulos, auténticos criminales, bandoleros de alta gama, ante la connivencia y el silencio de los que esperaban su turno. Si a ello añadimos una crisis financiera internacional larga y profunda que nos ha afectado como las bacterias infectan a los organismos bajos de defensas y que ha obligado a miles de jóvenes a salir al labrarse un futuro lejos de casa, es normal que la desesperanza haya anidado en muchos y es normal que el terreno haya sido abonado a populistas, vendedores de crecepelo de distintos pelajes, los neomarxistas bolivarianos y los supremacistas secesionistas.

La lista de agravios que manejan es interminable, un paro endémico fruto de un modelo productivo desactualizado y una legislación laboral franquista, desahucios, rescate bancario, muertos de las cunetas (sólo los de un bando), ley de Amnistía, el Borbón impuesto, o al simple hecho de que el dictador muriera en la cama y ellos no pudieran votar la Constitución del 78. Tampoco los norteamericanos o daneses de hoy votaron su constitución, y nos cuesta imaginar a cada generación de norteamericanos recriminando a la anterior o a la otra mitad de ellos sus 160.000 muertos de la I Guerra Mundial, los 405.000 de la segunda, los 36.574 de la de Corea o los 58.220 de la de Vietnam…

Lo cierto y objetivo es que nuestros desdichados jóvenes antisistema tienen la desgracia de vivir en la decimocuarta economía mundial

Lo cierto y objetivo es que nuestros desdichados jóvenes antisistema tienen la desgracia de vivir en la decimocuarta economía mundial, un país que obtiene 96 puntos sobre 100 en calidad democrática (medida en términos de democracia, libertades políticas y DDHH), según la ONG norteamericana Freedom House, por delante de países como Francia o Italia. También tienen la mala suerte de vivir en el decimonoveno país con mayor calidad de vida del mundo según el índice de la OCDE, el vigésimo sexto del ranking del Índice de Desarrollo Humano (IDH de PNUD ONU) o el trigésimo tercero por PIB per cápita.  Pese a nuestros Bárcenas y Urdangarines, viven en el país número 41 del ranking de menor corrupción del sector público de los 176 en los que se mide. Decir que España es el primer país del mundo en cuanto a competitividad del turismo (gracias sobre todo a sus infraestructuras, la seguridad y el patrimonio cultural), según el Foro Económico Mundial, tampoco ilustra nada pues ya sabemos que esos de Davos sólo piensan en la inhumana economía capitalista. Que nuestro país obtenga 90 puntos de 100 en el ránking mundial de atención y acceso a la sanidad según un informe publicado por la revista médica británica ‘The Lancet’, siendo el octavo del mundo según el mismo informe no tiene ninguna relevancia frente al hecho evidente de los recortes en sanidad que matan a los pobres y nos cuentan en la Sexta por la mañana, tarde y noche. El sistema sanitario español ha sumado 15,7 puntos en los últimos 25 años y supera a países de su entorno como Italia, Francia, Grecia, Alemania  o Portugal, pero eso debe ser porque Amancio Ortega, además de los equipos de radioterapia donados, tiene a sueldo a los editores de esa revista. El hecho de tener la segunda tasa más baja de homicidios y una de las tasas más bajas de criminalidad de la UE, que a su vez es un oasis de seguridad en el mundo, tampoco es importante como todos sabemos. Nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se ven desabordados y están pidiendo a gritos que armemos a colectivos ciudadanos que actúen como milicias empoderadas en defensa del pueblo, de los de abajo.

Viendo a España hoy, donde guerracivilistas y antisistemas han sido capaces de aglutinar hasta 5 millones de votos uno no puede más que preocuparse y pensar que somos más rebaño que humanos

Quisiera pensar que esto es casualidad, una ola que se cura con la edad, el trabajo, la hipoteca y los hijos, pero uno no puede por menos preocuparse cuando ve a tanta gente feliz que no sabe que lo es. Es necesaria la enfermedad para valorar la salud, es necesaria la ausencia de un familiar querido para añorarlo, es necesaria la guerra para apreciar la paz, el hambre para darle importancia al alimento… Dicen que los seres humanos nos diferenciamos de otras especies animales por nuestra capacidad de empatizar, ponernos en la piel del otro, aprender de los errores propios y ajenos. Viendo a España hoy, donde guerracivilistas y antisistemas han sido capaces de aglutinar hasta 5 millones de votos, y un partido otrora de gente entusiasta, progresista, pero sensata, queriendo emularlos, uno no puede más que preocuparse y pensar que somos más rebaño que humanos.

Los herederos de Zapatero han convertido el PSOE en dos bandas que siguen a la gresca, la de los izquierdistas sectarios y la de los buscavidas clientelares

El daño que José Luis Rodríguez Zapatero ha hecho a este país, reabriendo heridas cerradas con la frivolidad del idiota que describe Cipolla, no lo podremos medir adecuadamente hasta pasado suficiente tiempo. Desgraciadamente no ha sido el único. Sus herederos han convertido el PSOE en dos bandas que siguen a la gresca, la de los izquierdistas sectarios, actualmente en el poder, y la de los buscavidas clientelares. La ausencia de hombres y mujeres de Estado de un nivel tan solo similar a la de los que tenían hace unos años, los que construyeron nuestra democracia con visión, ideas y decisiones, es desoladora.

El resto de la izquierda lo copa un populismo neomarxista que travestido de innovador pretende vender las recetas más caducas, trasnochadas y manifiestamente malas que la historia ha mostrado para dirigir un país

El resto de la izquierda lo copa un populismo neomarxista que travestido de innovador pretende vender las recetas más caducas, trasnochadas y manifiestamente malas que la historia ha mostrado para dirigir un país. Lobos totalitarios vestidos de ovejas demócratas, a los que le rezuma su odio a España, a la libertad y a todo cuanto de bueno tiene el ser humano cada vez que un acontecimiento los relaja y descuidan su representación impostora, dejando caer su máscara. Da igual que sea el homenaje a un terrorista en su pueblo, la muerte de un torero, o de un político contrario, el encarcelamiento de opositores o los asesinatos por parte de su régimen amigo venezolano, la donación de equipos médicos por un empresario, los ataques al turismo, los atentados islamistas…, da igual, siempre mostrarán su simpatía con el malo, ese aliado que, aunque condenen con la boca pequeña, les ayuda a destruir el sistema que odian. Esas condenas se distinguen de las auténticas porque siempre tras la condena, escriben un “pero…” y seguidamente el argumento paliativo-justificativo para el reparto de la culpa.

En el pretendido centro está un partido corrupto, no por la corrupción legal, que no les ha dado tiempo, sino la moral, la que permite nutrirse de lo peor de cada casa, fomentar el transfuguismo y no tener ni una mala palabra ni un buen gesto

En el pretendido centro está un partido corrupto, no por la corrupción legal, que no les ha dado tiempo, sino la moral, la que permite nutrirse de lo peor de cada casa, fomentar el transfuguismo y no tener ni una mala palabra ni un buen gesto. Solo tuvieron una idea, decir que sí a la propuesta de ayuda de poderosos para sacarlos del ostracismo. Desde entonces siguen recibiendo órdenes y pastando. Para muestra la situación en Andalucía. Los inodoros del parlamento andaluz han hecho más por alumbrar las reformas y transparencia en el gobierno de la región que el relojero de Sanlúcar. Ni una sola reforma tras décadas de socialismo clientelar ha impulsado, dejando pasar una oportunidad histórica sin precedentes.

Y por último un partido en el centro derecha corrupto hasta el tuétano en todo el sentido del término, dirigido por un inane

Y por último un partido en el centro derecha corrupto hasta el tuétano en todo el sentido del término, dirigido por un inane que como única virtud cree tener la de acertar no haciendo nada, esperando a que escampe tras cada chaparrón, al que siguen a regañadientes un ejército de asustados, algunos temerosos de Dios y otros de perder lo que Dios les dio o ayudó a tener, que sólo tienen en común el preferir lo menos malo a lo peor.

Claro que el fruto de nuestro consenso constitucional necesita reformas. Ha sido útil hasta ahora, pero ha de actualizarse y corregirse todo  aquello que no ha funcionado, ha dejado de funcionar o podría hacerlo mejor. La descentralización ha traído muchas cosas buenas, pero también otras perversas. Las reformas son necesarias, pero justo en el sentido contrario en que el frívolo y joven Sánchez las plantea. El actual envite independentista lo superaremos (aunque nos dejemos alguna pluma u otro privilegio fiscal cedido), pero en el futuro vendrán otros y más fuertes si el Estado no recupera las competencias educativas. La sanidad, la gestión de los recursos naturales, son derechos básicos que deben ser gestionados por quien tiene la obligación de garantizar esos derechos, el Estado. Estas son sólo algunas de las reformas necesarias, propiciar la independencia real de la justicia y los reguladores públicos son otras de ellas. No merece la pena abundar en el repaso, mejor leer el programa y ponencias políticas del único partido reformista, institucional, sensato y valiente que tuvo este país, UPyD, al que los españoles dieron la espalda precisamente por ser así.

En resumen, parece que estamos viviendo lo que, salvo las excepciones que confirman la regla,  viene a ser una máxima en la gestión de las empresas familiares. Los abuelos las crean de la nada, con el sacrificio y bienhacer de toda una vida, los padres (entre ellos hermanos) las heredan para hacerlas crecer y fortalecerlas, y los nietos (entre ellos primos), las liquidan, se las beben, fuman, dilapidan, trocean y arruinan.

España observa una generación de niñatos ingratos, que no valoran lo que tienen porque les ha sido dado, porque lo heredaron sin necesidad ni de pasar por el notario a recoger la escritura, porque apenas son primos, parientes lejanos, que ni se quieren, ni se aprecian, ni se respetan.  Ahí tenemos al primo Oriol queriendo quedarse un trozo para sí sólo del patrimonio común, y al primo Pablo, pretendiendo destruirlo todo y empezar de nuevo montando una empresa mil veces probada y mil veces fallida, o al primo Pedro, que consiguió ganar la representación de todos sus hermanos, y ahora anda crecido, queriendo tomar las riendas aliándose con el diablo si es preciso, en su política de gastos sin ingresos.

Hay mil batallas que librar, mil cuestiones que corregir, los retos son muchos y apasionantes, pero todo eso hay que hacerlo sin convertir en un solar el edificio heredado

La juventud debe ser rebelde, contestataria, el progreso es hijo de la crisis y la necesidad. El inconformismo es un valor positivo frente a una autocomplacencia que no lleva a nada bueno, pero…, pero con límites. Hay mil batallas que librar, mil cuestiones que corregir, los retos son muchos y apasionantes, pero todo eso hay que hacerlo sin convertir en un solar el edificio heredado. Me declaro, con permiso del maestro Joan Manuel Serrat,  funcionario del negociado de sueños dentro de un orden, y sí soy partidario de capar al cochino, pero no para que engorde, sino para que no convierta los sueños en pesadillas y un día nos levantemos recordando esos tiempos en los que éramos felices y no lo sabíamos.