Banco Popular - Andrés Herzog

Mucho se ha escrito estos días sobre el desastre del Banco Popular, pero no sé yo si muchos de los que lo han hecho se han tomado la molestia de hablar con algunos de los perjudicados. Yo he tenido la ocasión de escuchar a unos cuantos por motivos profesionales y las historias, en algunos casos, sobrecogen. A la perdida de los ahorros se une muchas veces una sensación de ultraje, expolio, de violación, que suele ir unida (como ocurre en los casos de abusos sexuales) a un íntimo sentimiento de vergüenza. “No quiero que de esto se entere la gente”, me comentaba un afectado. Y otro, tras perder todos los ahorros de los últimos años, me reconocía que, ante todo, le embargaba la sensación de ser un fracasado: “Pensé que me iba bien en la vida, que podría considerarme lo que llaman un triunfador y me he dado cuenta que soy simplemente un gilipollas, un imbécil”.

Un reciente estudio publicado por la Fundación Finsalud concluyó que los fraudes financieros son un importante factor de riesgo para la salud, generador de estrés, malestar psicológico, falta de sueño o incluso enfermedades psiquiátricas. De ello se ha hablado muy poco y no conozco caso alguno en que se haya estimado una compensación por dicho sufrimiento, que en silencio se lo lleva uno a casa o a la tumba.

¿Qué les llevo a adquirir acciones de un banco con insistentes rumores de la existencia de problemas financieros, especialmente en el último año? 

Cabe preguntarse: ¿Qué les llevo a adquirir acciones de un banco con insistentes rumores de la existencia de problemas financieros, especialmente en el último año? Algunos lo hicieron prácticamente obligados, como los empleados o proveedores del propio Banco, “invitados” por distintas vías a arrimar el hombro en las sucesivas ampliaciones de capital. Otros lo hicieron con un legítimo afán de lucro e incluso con la intención de especular. Pero lo que puedo asegurar es que ninguno (excepto los que en los días previas comenzaron a sacar sus fondos bajo información privilegiada) se imaginó que se les podía despojar de todas sus acciones en cuestión de horas.

Estos días he podido escuchar explicaciones de todo tipo por parte de los afectados al por qué de sus inversiones: “Nunca pensé que el Opus les pudiera dejar caer ¡si salvó en su día la Banca Vaticana!” o “confiaba plenamente en Saracho, estaba convencido que alguien de su perfil iba a levantar el proyecto”.

¿Pensamiento mágico? Quizá, sobre todo escuchando el mensaje que transmitió, el día después del expolio, a los empleados, accionistas y clientes del Popular en el cual reconocía (con la boca pequeña) su fracaso, a la vez que presentaba la operación a sus 11.000 empleados (gran parte de ellos accionistas desplumados) nada menos que como una “oportunidad de carrera y desarrollo profesional en el Banco Santander”, al cual “nos hemos incorporado” (sic), que calificó de “gran banco”, respecto del cual no ahorró parabienes. Aprovechó también su alocución para agradecer a los accionistas del Popular que “se han dejado la piel” por el banco (¡y tanto!), pero de forma sibilina empezaba ya marcar las diferencias entre los (malvados) inversores (“que apostaban a una rentabilidad que no han obtenido”, dijo) y los (honrados) “clientes que depositan su confianza en el día a día” y que, por supuesto, “son diferentes”, recalcó enfáticamente.

No contentos con atracar a los accionistas, se intenta justificar el atropello intentando culpabilizarles

Esto es otro rasgo que me gustaría destacar: no contentos con atracar a los accionistas, se intenta, sibilinamente, justificar el atropello intentando culpabilizarles. Los que hasta hace nada eran “el activo más importante” pasan a ser, de la noche a la mañana, desalmados especuladores que han de responder de su avaricia. Es lo mismo que hizo el PP p.e. al instaurar las tasas judiciales, de las que directamente se responsabilizó a los ciudadanos, sus víctimas, que supuestamente tenían un vicio querulante, que les llevaba a interponer pleitos por pura afición o divertimento.

Siendo cierto que estos pequeños accionistas son (en teoría, muy en teoría) los dueños de la empresa y, por lo tanto, asumían un mayor riesgo, lo que sigo sin entender es ¿por qué razón han de cargar con el 100% del castigo por la mala gestión de los administradores y los depositantes con el 0 %, al margen de cuánto tuvieran depositado? ¿Está justificada esa abismal diferencia de trato? En el “caso Bankia” el rescate lo pagamos todos (a los accionistas de la salida a bolsa les acabó compensando Bankia, o sea nosotros, los rescatadores). En este caso se ha optado por una solución totalmente distinta, en que los únicos que pagan la fiesta son los accionistas y bonistas. Poco después se han reestructurado varios bancos italianos con fondos públicos. ¿Por qué esos cambios de criterio? La imagen de improvisación y arbitrariedad de nuestras autoridades europeas y nacionales es innegable.

Alguno dirá que siempre ha pasado esto, que las crisis económicas y las quiebras bancarias son algo recurrente y sistémico al sistema capitalista. Según parece solo en el crack del 29 quebraron más de 5.000 bancos. Pero por lo menos uno tiene la impresión de que en el pasado, al margen de consecuencias legales, se repudiaba socialmente a los responsables, que llegaban a suicidarse víctimas de ese oprobio. El problema es que hoy en día, antes de irse, los consejeros ejecutivos blindan sus contratos y se auto-dotan multimillonarios planes de pensiones, como pasó con la ya extintas Cajas de Ahorro.

Lo que se me antoja intolerable es que en el mismo minuto que eso ocurre unos “hombres de negro” no toquen a la puerta de los responsables del desastre y se inicie una exhaustiva investigación que traslade de verdad a la sociedad que hay consecuencias legales

Lo que en definitiva se me antoja intolerable no es tanto que se rescate un banco o que se expropie a los accionistas en determinadas circunstancias, sino que en el mismo minuto que eso ocurre unos “hombres de negro” no toquen a la puerta de los responsables del desastre y, desde ese mismo momento, se inicie una exhaustiva investigación de oficio, especializada e independiente que traslade de verdad a la sociedad que hay consecuencias legales, no sólo frente a los consejeros y directivos de las entidades sino frente a los encargados de controlarles como los auditores o los organismos supervisores. En caso contrario estamos condenados a repetirlo una y otra vez.

Decía antes que entendía incluso una expropiación a los accionistas, pero quizá me he excedido. Podría llegar a entender que en determinadas circunstancias extraordinarias pudiera llegar a quebrar un banco y ello conllevara que algunos perdieran sus inversiones, siempre que otros se libraran de las deudas. Pero no se engañen, eso nunca ha pasado ni pasará, uno puede perder sus bienes o sus ahorros pero jamás dejará de pagar las deudas: siempre habrá alguien que venga a reclamársela, ya ocurra un cataclismo económico o el armagedón financiero mundial. Ese inexistente “hombre de negro” que no llama a la puerta de los directivos y consejeros llamará a la suya para recordarle que tenía una deuda pendiente. Igual estoy diciendo una simpleza ¿pero no hay algo del sistema que falla?

De hecho, más que avanzar, mi impresión es que retrocedemos. Ya en la Ley de Expropiaciones de 1836, promulgada en su día por Doña Isabel II por la gracia de Dios, se declaraba inviolable el derecho de propiedad, exigiendo que cualquier proceso expropiatorio cumpliera con el presupuesto ineludible de abonar el correspondiente justiprecio, esto es, la indemnización que legítimamente le corresponde a cualquier ciudadano que ve confiscado su derecho de propiedad por una razón de interés público.

Pues bien, camino de dos siglos después, ya ni se respetan garantías fundamentales mínimas de los ciudadanos, como el derecho a recibir una justa compensación por la expropiación. Es más, de toda la vida la expropiación conlleva un procedimiento en el que se permite a los administrados discrepar de esa supuesta “utilidad pública” o del justiprecio ofrecido, con pleno acceso a los informes utilizados por la Administración para tomar su decisión. Hoy, sin embargo, en el siglo de la “transparencia”, toda la información que han recibido los afectados por esta expropiación ha sido este extracto bancario en el que se indica el tipo de operación: “amortización final” (parece sacado de una película de Schwarzenegger), por medio del cual los 855.000 títulos se convierten en 0,00.

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Un auténtico atraco institucional que acaba de un plumazo con los principios y garantías más básicos de nuestro ordenamiento.

Eso es todo: 0,00. Y por toda justificación una resolución de la Comisión Rectora del FROB de 7 de junio de 2017, sin que sean a día de hoy públicos ninguno de los informes que supuestamente han llevado a concluir la inviabilidad de la entidad y a decidir que había motivos de orden público que justificaban la expropiación de los títulos y su venta por un euro a otra entidad, de cuyo proceso de adjudicación tampoco sabemos absolutamente nada. Un auténtico atraco institucional que acaba de un plumazo con los principios y garantías más básicos de nuestro ordenamiento.

No crean que me he vuelto anti-capitalista, anarquista, comunista ni nada parecido (bastantes desgracias han traído a la humanidad). Más bien todo lo contrario, pues el drama que subyace en todo esto es que el sistema capitalista no es tal, está manipulado, manejado por trileros. A medio o largo plazo sólo ganan en bolsa los que tienen un gran poder de influencia, conexiones o información privilegiada. Al igual que pasa con nuestra sociedad en general, en la cual solo prosperan los que tienen enchufes o contactos personales o políticos. Esa es la verdadera lacra de nuestro sistema, que provoca que la gente sea consciente de que ni el esfuerzo ni la excelencia merecen la pena y que genera una gran desconfianza ante el propio sistema democrático, dando alas al populismo. No es que haya sido yo muy aficionado a esto de invertir, pero mucho tiene que cambiar todo para que vuelva a meter un solo euro en bolsa, esa ruleta trucada para engañar a los pobres desgraciados como nosotros.

 

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Abogado. Ex judoka y ex Portavoz de UPyD.